En las ultimas dos semanas he escuchado dos veces la frase “Yo me quedo a apagar la luz”. Una amiga me dijo nosotros nos vamos a quedar en Venezuela hasta que ya no se pueda hacer nada. Y comprendí que cada quien tiene la opción de decidir a que se expone cuando no desea abandonar una vida de trabajo, viejas amistades y de grupo de conocidos que hacen nuestro mundo social, y que se esta dispuesto hacer sacrificios de aceptar la política del país diferente a la cual fuimos formados. Dispuestos a aguantar cualquier política con tal de no tener que comenzar de nuevo, lo que años nos habría costado construir. Y respeté su decisión.

Luego recibí un email de otra amiga el cual decía textualmente:
“Es hora de asumir responsabilidades votar es un derecho que todavía tenemos y no podemos dejar de usarlo. Chavez esta en el poder por que mucho de los que se quejan no votan. Ir a las marchas no es suficiente este es el momento de la verdad este es el único plan B de los que realmente queremos a nuestro país y no nos vamos. Yo me quedo a apagar la luz.Recientemente, a una amiga se le enfermo el marido, y mientras esperaban los resultados le pregunte si ya tenia plan B ,me dijo que si Panamá ,y le dije que no me refería a eso. Me refería que si el marido estaba muy enfermo ya se estaba buscando otro, pues así veo a los que tienen plan B abandonando al País que tanto dicen querer , es muy triste. Nuestro plan B es Venezuela democrática con sus errores y virtudes.”
La verdad es que me lo tomé en forma personal pues así son los email, personales, dirigidos a un particular con quien deseas compartir una información, un chiste, o un mensaje. Lo sentí como un reclamo, si no, qué sentido tendría habérselo enviado a alguien quien ya optó por la opción B.

Hace seis años salí con mi familia de Venezuela. La luz del sol brillaba, pero como usando un dimmer había comenzado a perder su intensidad. Salimos antes de las marchas y después de algunos cacerolazos. Salimos por “miedo,” por la inseguridad que se veía en las calles y por la que habíamos sufrido en carne propia. La verdad es que el miedo es algo difícil, es libre, pero terrible. Sentimos que quizás era el momento de buscar otro lugar donde pudiéramos ofrecer un mejor porvenir a nuestros hijos. No por eso dejábamos de querer a nuestro país. Un país es un territorio social, político, cultural y geográfico delimitado. Un país que nos formó y nos vio crecer, fuimos parte de su gente, y de su tierra.
Quizás fue cobardía.
Pienso que todos los países sufren de enfermedades distintas, pero enfermedades al fin. Salimos para otro país que ofrece otros miedos: terrorismo, capitalismo, enfermo de trabajo, gastos acelerados, “demandismo” (demandan por todo), donde nuestros hijos adolescentes estan expuestos a otras cosas. Pero vi que puedo vivir con estos miedos, incluso hasta con el miedo de tener que salir a emigrar de nuevo. Pero no pudimos vivir con miedo a vernos diariamente limitando nuestras vidas, viendo si alguien nos seguía, miedo a hacer lo que hacíamos y o tener lo que teníamos, por miedo a ser robado, violado, asesinados! Y aún cuando perdimos nuestra única hija, y doy gracias a Dios que no sufrió nada por lo que huimos de Venezuela.
Ahora somos hijos del mundo, pues como emigrantes ya dejamos de ser de nuestro país, aunque lo amemos profundamente, donde algunos te consideran un traidor. Nunca seremos del país al cual nos mudamos pues siempre seremos inmigrantes! Ni de aqui, ni de alla! Con añoranzas y necesidad de pertenecer.